Cristóbal andaba siempre caliente, sobre todo desde que los vecinos contrataron a la nueva asistenta, una muchacha de 18 años, rubia, con un culo respingón de locura y unas tetas, que bajo la ropa se le adivinaban como manzanas, redonditas, que, al andar, se le movían como bolas duras, desafiantes, ya que no usaba sujetador. Su cabello rubio, rizado, salvaje, junto con sus ojos verdes felinos, le daban un aspecto inocente y salvaje.

Hacía tiempo que no echaba un buen polvo, la última vez, hacía más de un año, con aquella puta gorda y grasienta que se dejó follar por 20 euros, pero para un hombre de 58 años, demasiado descuidado su aspecto, luciendo una gruesa barriga, calvo, desaseado no cabía esperar mucho más.

Se dedicaba a observar a la muchacha desde su casa. Tenía suerte, su ventana daba justo a la de la habitación de Elsa y con el calor, esta permanecía abierta de par en par, disfrutando así de un palco privilegiado y vaya si era interesante el balcón…

En su intimidad, la chica le ofrecía un espectáculo sin igual sin saberlo, cuando se tumbaba en la cama, bien abiertas las piernas tocándose, buscando ese placer personal que necesitaba, mientras se sobaba las tetas para deleite del vecino.





Esa era la clase de mujer que necesitaba para calmar sus ansias, pensó para sí el maduro, pero como iba a poder él acceder a aquel maravilloso cuerpo? Ella no se lo iba a dar así como así , de modo que urdió un plan, necesitaba follarse aquella hermosa criatura a toda costa, pero ella no estaría dispuesta, no era un hombre atractivo, más bien al contrario, era el típico viejo verde del que todas las jovencitas huyen avergonzadas al ser observadas por estos, seguro que aquel ángel soñaba con un príncipe azul que la poseyera con amor, con pasión y entregarse a él enamorada y feliz, pero a pesar de la dificultad, al menos lo intentaría.

A partir de aquel momento, se hacía el encontradizo con ella cada ocasión. Era amable, al principio no le hablaba, solo le sonreía, le cedía el paso en las tiendas, y, cuando alguna vez desayunaban en la cafetería cercana, amablemente, él abonaba la cuenta de su consumición. Ella, agradecida, le regalaba una bonita sonrisa, no se daba cuenta que la espiaba, que la deseaba, que quería tomarla para sí, era inocente y pura de pensamientos, no podía imaginar que alguien tan educado, pudiera tener tan oscuro fin.


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Un día, Elsa, después de desayunar, se acercó a Cristóbal para agradecerle la invitación. Por fin había dado el paso, ahora el terreno estaba posible. La invitó a sentarse en la mesa y hablaron de cosas triviales…Le contó sus planes de ser modelo y actriz, momento que aprovechó el hombre para “revelarle” que era un agente y cuanto se alegraba de que ella quisiera entrar en el mundo del espectáculo, podría introducirla, presentarle contactos, en fin, tenía el pasaporte que necesitaba para ser alguien en el mundo de la farándula. Naturalmente, era una sarta de mentiras, la verdad que era un viejo calenturiento, sin trabajo, que se dedicaba a hacerse pajas inventándose en su cabeza historias en las que ella era su protagonista, pero la jovencita, le creyó y se alegró de haberle conocido.

Se fueron haciendo amigos.

Pasaban rato planeando supuestamente como iban a trabajar en un futuro no muy lejano, pensaba que tenía grandes planes para ella.

Llegó una noche de sábado que tenía libre. Cristóbal, se atrevió a invitarla a cenar para que le contara con más calma lo que deseaba hacer y planear tranquilamente y sin prisas su presentación en sociedad. En realidad, quería tener un contacto más íntimo e ir haciendo confianza para así ir llevándosela a su terreno, que no era otro que el de su entrepierna, pero no había prisa, poco a poco, como hasta ahora…

A las ocho en punto, sonó el timbre. Estaba preciosa y sexy a más no poder, con su blusa minúscula, roja, dejando ver gran parte de sus pechos casi adolescentes aún y una falda corta, roja también, entallando su cintura un ancho cinturón negro y calzaba botas altas de tacón, del mismo color, era increíble lo hermosa que era y algún día la poseería… algún día… esperaba que no fuese demasiado lejano…

Cenaron y charlaron alegremente. Tomaron vino y la chica se chispeó más de la cuenta, no estaba acostumbrada a beber. Después de la cena, una copita y otra copita más y risas, muchas risas, el ambiente estaba relajado por los efectos del alcohol, pero el se cuidó de no beber en exceso para controlar la situación.

Cristóbal se atrevió a proponerle un juego algo arriesgado, se trataba de contestar unas preguntas y, de no contestar acertadamente, se irían quitando una prenda, se lo propuso entre risas y veras, pero su sorpresa fue mayúscula cuando ella aceptó encantada, “Pero solo desnudarnos, no?” Preguntó ella. El respondió que por supuesto nada más que quitarse algunas prendas nada más.

Comenzó el juego. Elsa perdía preguntas al mismo tiempo que prendas. Al cabo de un rato, Cristóbal “vestía” unos calcetines grises y un slip rojo, que le quedaba bajo la barriga, dándole un aspecto muy penoso y algo patético. Elsa, parecía una diosa con su tanga blanco, transparente y la blusa, que era todo lo que le quedaba.

Siguieron bebiendo y la siguiente en perder fue la muchacha. Bajo la atenta mirada de su amigo, que a estas alturas andaba empalmadísimo desde hacía horas, se quitó la blusita, la tiró al suelo y cayó exhausta en el sofá con una pierna en el suelo.

El espectáculo era maravilloso, aquella chiquilla abierta de piernas enseñándole sin pudor su hermoso cuerpo, su coño se le transparentaba por el tanga, no había nada escondido ya.

Ella le pidió dejar el juego y descansar un rato, en realidad estaba borracha, pero él se le acercó asegurándole que ahora venía lo mejor de la partida.

Lo miró y le dijo, “mira, se te ha salido la cosa por un lado”. La cosa, no era otra que la hermosa polla que poseía Cristóbal, que se le había salido por el slip al ponérsele tan dura y este no pudo soportar el peso dejándola enseñar sin pudor. Tenia un capullo sonrosado y redondeado, como un chupachup suave, sosteniendo el peso de su redonda figura.

Le cogió la mano a la nena y se la acercó a su capullo. Al principio quitó la mano, pero estaba tan borracha que a poco que él le insistió, no se negó, no era dueña de sí y respondía como una autómata.

Sentir el tacto de aquella manita encima de su cipote era un gusto y aún fue a más colocándose encima de su joven y terso cuerpo que contrastaba con el rugoso y gastado de él, cuya calentura fue en aumento, cuando notó el muslo de la muchacha con la punta de su polla, mientras le masajeaba los pechos y pellizcaba dulcemente los juveniles pezones mientras ella, débilmente se quejaba…”Ay, no, déjeme” apenas se la podía oir, pero tampoco prestó atención a sus palabras, al contrario, le separó bien las piernas y retiró el tanga hacia un lado, para que su capullo rozara su clítoris, solo eso, no pretendía ir más allá, el calor del roce, así, sin bajarse el slip, solo eso y la dejaría marchar, pero cuando la punta de su polla encontró en el camino la tibieza de la raja, se le fue todo de las manos y el hombre se hizo pis apuntando bien para la vulvita pequeña de la jovencita que lo único que hizo al sentir la orina, fue quejarse con un gesto apenas un poquito, al sentirse mojada por su amigo, que, sin poder más se quitó la prenda que le impedía disfrutar plenamente de su sexo y se dedicó a juguetear largo tiempo a pasar la polla por todo su cuerpo, frotándosela contra el tanga.





Intentó que se la mamara, sin éxito, estaba demasiado borracha y no podía ni abrir la boca, suerte, porque solo así podría estar haciéndole lo que le hacía ahora.

La lamió entera, lamió su chochito inundado por su orín, al que olía profundamente, la prenda íntima de la muchacha, estaba empapada de esto y saliva, pero le metió, retirando el hilillo que vestía la raja de su culo, la lengua por el ano, otra vez el coñito, así de un lado a otro, hasta que la lubricó bien toda.

De nuevo la frotó con la polla, era increíble, que gustito tenerla tan cerca, no se vería en otra igual en años, había que aprovecharse y le arrancó el tanga.

Abrió bien las piernas, así, bien abiertas, de lado a lado, la gruesa polla se movía en la entrada de una manera infernal, ya libre de ninguna prenda que la oprimiese, no pretendía metérsela, pero sin proponérselo ya había metido el capullo entero, notando el calor de la vagina abrazar la punta de la polla, entonces se tiró encima de ella abrazándola.


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La chiquilla abrió un poco los ojos, apenas los entornó, solo para quejarse “Por favor, no me la meta, por favor, no me lo haga, eso no” pero no podía defenderse, no tenía fuerzas y el asco que sentía de tener aquella mole encima era insoportable, pero no se lo podía quitar, entre otras cosas, porque a estas alturas, él se había vuelto loco y sin pensárselo dos veces se la coló enterita.

Toda ella se sintió invadida, ya no luchaba, sabía que no podría, así que mirando a un lado, para evitar mirarle, las lágrimas corrían por su mejilla, deseando que acabara, pero como no había estado así nunca con nadie, no sabía cuanto tiempo podía durar, así que pensó que si se dejaba hacer, antes podría irse.

El hombre se quedó quieto, su polla se llenó de su propia saliva y un flujo que llenaba todo aquel dulce agujero, que no era otra cosa que sangre, sí, era virgen, ahora él había obtenido la frescura de la primera vez.

No podía moverse, sabía que si lo hacía se correría, pero enseguida notó la polla palpitar, le venía la leche.

Se corrió dentro de ella gritando y gimiendo como un poseso, en toda su vida había tenido un pastel igual a aquel y apenas lo saboreó, se acabó todo.

La pobre chica se asustó al verlo temblar y babear como un cerdo asustado, aún así no se movió por el miedo, presa del pánico, qué más ocurriría ahora¿?

Lloró como un animalillo asustado, sin hacer ruido mientras leche espesa llenaba su cuerpo.

Lentamente, sin prisas, la polla, fue retomando vigor, se reponía por momentos convirtiéndose de nuevo en aquella verga infernal que le ardió las entrañas al arrebatarle su virginidad.

… Continuará





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